Los receptores CB1 son escasos en los centros del tronco encefálico que controlan la respiración, a diferencia de los receptores opioides, por eso el THC no detiene la respiración ni a dosis extremas. Los peligros agudos reales son psiquiátricos (pánico, psicosis), estrés cardíaco en personas vulnerables y lesiones por estar bajo los efectos, especialmente en niños y con comestibles.