Los humanos producen endocannabinoides — anandamida (nombrada del sánscrito «ananda», dicha) y 2-AG — que activan los mismos receptores que el THC de la planta. El sistema se descubrió porque el THC funcionaba, no al revés: los investigadores encontraron el receptor primero (1988), luego se preguntaron por qué existía.